LA HISTORIA DE MIGUEL

CAPÍTULO 5

-Toma. Pude recoger y pegar los trozos...aunque no conseguí completarla – Y alargando la mano, Ariadne le entregó a Miguel lo que parecía una carta, arrugada y en mil pedazos recompuesta.

Esa carta iluminó la mente de Miguel. Pequeños flashes de la noche fueron abriéndose paso en su cabeza... mucha cerveza, el golpe... la casa... ¡¡LA CASA!! ... y aquella carta.

Esa noche bañada en alcohol, pudo recordar por qué viajaron a Navarra años atrás. Recordó aquella casa donde su padre había sido tan feliz de niño y cuánto quiso compartir sus historias con él. La casa se encontraba justo en el mismo lugar donde conoció a Ariadne... y en su interior se encontraba lo que parecía un preparado escenario para él y esa noche...

Con sumo cuidado desdobló aquel maltrecho papel que parecía llevar a cuestas toda aquella locura de noche y comenzó a leer:

“Querido Hijo,
Sabía que volverías; siempre fuiste un sentimental.
Perdona por no haberte contado lo de mi enfermedad. He escrito “perdona”, sí. Ojalá te hubiera dicho esa palabra más veces en mi vida.
Espero que puedas terminar nuestro proyecto. Encontré la última pieza que siempre nos faltó en el mismo lug...”

- ¿Y los trozos que faltan? ¿Pudiste encontrarlos? -Preguntó con tono ansioso Miguel.

- No...lo siento. – Le contestó Ariadne sin saber muy bien cómo debía reaccionar- Ayer estabas muy enfadado. – Escucha... – Continuó- quiero acompañarte en tu viaje. Tal vez logremos encontrar esa pieza por el camino, no sé. Sólo si tú quieres, claro.

“Y cómo no voy a querer...”- pensó Miguel -que mientras miraba aquellas 2 italianas, el paisaje, a Ariadne y la inminente aventura... se preguntaba cómo podía sonreír en un momento así... será que, de todo lo malo, siempre sale algo bueno... o que tal vez toda esta casualidad era el último regalo de su padre.

Dirígete al Monasterio de la Oliva....