LA HISTORIA DE MIGUEL

CAPÍTULO 2

Miguel estaba realmente asustado y aturdido. No sabía por dónde empezar a completar aquel desconcertante puzle en el que se había convertido aquella noche.

¿Por qué estaba allí? ¿Por qué estaba encerrado? ¿Y ese golpe en la cabeza? ¿Y porque no recordaba nada de aquella noche?...

-Debo volver al origen..., debo encontrar aquella chica.

Incapaz de hacer memoria... tan solo recordaba el profundo dolor con el que había entrado en ese bar. Su padre acababa de morir. Tras años de compartir buenos y malos momentos, de repente, se fue. Rápidamente y dejando huella... como se van los mejores, aquellos inolvidables que nunca morirán porque jamás desaparecen del todo.

También recordaba cómo la visión de aquella chica fue capaz de cortar las lágrimas que resbalaban por su mejilla cuando cruzó la puerta de aquel bar. Era preciosa... y con una sonrisa que consiguió que olvidara por un momento el motivo que le había hecho beber para apagar el dolor.

Sus miradas se cruzaron y sin poderlo evitar, se acercó a ella.

-  Me... llamo Miguel... – se presentó.

-  ¡Hola Miguel! Me llamo Ariadne.

Ella le sonrió... con esa luz que tienen las chicas poco comunes, con la picardía de una mujer que sabe lo que hace y la dulzura de una niña reflejada en sus ojos... Una punzada se clavó en Miguel... que no pudo evitar devolverle la sonrisa... y por un momento su tristeza desapareció.

 

-  Algo me dice que no has tenido un buen día – dijo ella.

 

-  Vaya...eres muy perspicaz – contestó Miguel

 

-  ¡Venga va, te invito a algo!

 

-  Acepto la invitación, pero con una condición...

 

-  ¿Cuál?

 

-  ¡Bueno mejor con 2 condiciones! Jaja

 

-  ¡Venga vamos a ver qué quieres... no olvides que nos acabamos de conocer! Jaja

 

-  La primera es que luego me dejes invitarte a ti...

 

-  Eso está hecho.

 

-  Y la segunda es que me cuentes por qué elegiste un casco igual que el mío...

 

-  ¡Es verdad! ¡No me había fijado! ¡Qué casualidad! Jajaja, acepto tus dos condiciones...- rio Ariadne.

 

Después de una, vino otra.... No se podía creer haber encontrado a alguien con quien no podía parar de charlar. Hablaron de todo, de ellos, de sus vidas...y sobretodo de motos. De las que tenían, de las que querían tener, de la libertad, de las sensaciones bajo el casco, de aventuras por caminos que no sabes cómo acaban, de vistas y paisajes que quedan en la retina, de las horas y horas que han disfrutado tan solo pensando en la siguiente curva, sintiendo por un momento que nada más importa. De las alas en forma de rueda, de la sonrisa al oír el motor a 7.000 vueltas, del gusto por el olor a gasolina...

Las conversaciones fluían de igual manera que las cervezas.... y hasta ahí. De repente Miguel no fue capaz de recordar nada más hasta el momento de despertar en aquel lugar.

Siguió avanzando por aquel camino, que luego se convirtió en carretera... dentro de lo malo estaba empezando a disfrutar con aquella moto que se le hacía tremendamente familiar.

La fuerza de aquella pelirroja le encantaba... Eso sí que lo recordaba... andar en moto...

 

-  Estoy exhausto – dijo bajando de su compañera de viaje - Necesito parar y este parece un sitio precioso...

 

 

Dirígete al Monasterio de Iranzu...